20 de diciembre de 2015

Usted no vale la pena

No vale la pena, ni la tristeza,
Usted no vale las noches de desvelo,
Ni las mil horas frente al espejo descifrando  reflejos.
Usted no vale la pena,
Ni los cientos de recovecos que aparecen mientras se mide cada palabra.
No vale el miedo, ni la angustia,
No vale el dolor,
La tristeza,
El frío,
Sencillamente,
Usted no vale la pena.

No,
Usted no vale la pena,
Usted vale el brillo,
La intensidad del suspiro,
Vale la fuerza del abrazo que se deshace en llanto,
La risa y el cosquilleo de un beso,
Vale las películas, las canciones y la poesía,
Vale los acordes, las ganas, los sueños.
Pero la pena,
No,
Usted no vale la pena.


15 de marzo de 2015

Fénix

Perdone usted la alevosía con la que le escribo,
quizá el culpable sea este frío majadero,
que ahora me recuerda haber perdido mi abrigo en su casa,
o tal vez sean todas las horas que me están sobrando,
que me piden a gritos sacar a pasear a sus perros,
o sencillamente la majadera soy yo,
con este deseo inmarcesible de materializarlo todo.

Las calles que antes caminé con su recuerdo
han ido palideciendo desde su olvido,
y esa necesidad que hasta temor me da nombrar
se va convirtiendo en una dulce epifanía,
si se quisiera,
en un reencuentro de mis letras ya sin voz.

Si reviviendo entre la ceniza fue como nos encontramos,
volando cual fénix deberíamos vernos vivir,
que de seguro la serendipia no se equivoca,
y que este encuentro inefable no se da otra vez.

Si por alguna razón llegara a extrañar  mi calor,
y de pronto,
mi abrigo en su casa no fuera suficiente para recordarme,
si por algún infortunio,
la acústica de su sala se perdiera sin mis desafinadas notas,
y sus perros me buscaran en el patio,
sepa que ya no soy la misma,
que desde las últimas cenizas aprendí a volar más alto

y que sólo volando podría encontrarme.

31 de diciembre de 2014

Adiós 2014

Pues sí,
se acaba el año,
así, como si nada,
como esa novela que tanto esperamos
y de pronto nos percatamos leyendo el final.

¿Un año difícil, no?
¿Y cuál no lo ha sido?
Pero, creo que es algo bueno,
al fin y al cabo, ningún “Best Seller” ha llegado a serlo
con una historia plana, sin emociones, sin retos, lágrimas y risas.

¿Qué título le pondría?
 “La Despedida”
El 2014 fue año lleno de despedidas.

Me despedí,
de la ausencia de muchas personas,
que después de algún tiempo volvieron a estar presentes.
Me despedí,
De lo que fui
y jamás volveré a ser.
Me despedí de personas,
de muchas personas,
que agotaron su aire
y ahora les queda descansar.
Me despedí de lugares,
de roles y de oficios,
que concluyeron su parte en esta historia.
Me despedí,
de bastantes espacios vacíos,
que nuevos amigos llegaron a ocupar.
Me despedí de risas
y una que otra carcajada,
que pude liberar al espacio
en la compañía de viejos y nuevos cómplices.
Me despedí de presiones,
angustias y menosprecios
con la ayuda de maravillosos héroes
de los que espero nunca tener que despedirme.
Me despedí,
del amor y también de la soledad,
aunque sé que ninguno de los dos
partirá muy lejos.
Me despedí de letras, canciones, poemas, tardes de café y noches de cine.
Me despedí de todo,
Para darle la bienvenida a todo.

Definitivamente, el 2014 fue un año de despedidas, de ciclos que llegaron a su fin, un libro que valió la pena leer.
Y hoy lo termino como cualquier otro, con un poco de nostalgia y una sonrisa rebuscada; pero sobre todo, con el entusiasmo y la esperanza de quien tiene al frente una biblioteca repleta de ejemplares por leer.

23 de diciembre de 2014

Al final de mis veintes


Repaso cada cicatriz,
Cada pliegue ganado con el tiempo,
Minuciosamente,
Voy reconociendo cada historia,
Cada experiencia, cada dolor, cada alegría.

Logro palparme las marcas en las rodillas,
Señal de haber caído,
Mermadas quizá,
Por las de las manos,
Prueba indiscutible de haberme levantado.
Marcas en el pecho, en la espalda, dientes y corazón.

Al final de mis veintes,
Agradezco por tanta gente que me abraza el alma,
Que me ha dado aliento,
Que ha sido luz y sombra.

He empacado mi vida entera tantas veces,
Que ahora puedo entender que le pertenezco al mundo
Y  no a un sólo lugar.

He amado a quien nunca me amó,
Y también me ha amado quien no pude amar,
Tantas  veces y de tantas formas,
Que podría creer que al karma le gusta jugar de balanza.

Al final de mis veintes,
Puedo asegurar que la vida no me ha pasado,

Pero yo,
Yo sí he pasado por la vida!!!


23 de julio de 2014

Me hacés falta

Diría que te extraño,
pero lo encuentro un tanto predecible,
sería como si te escribiera la canción
que siempre te canté,
o si te enviara aquel poema
que alguna vez te leí.

Diría que te extraño,
pero las cursilerías
nunca me han sentado bien
y sé que además,
a vos tampoco te han hecho gracia.

Yo diría que te extraño,
pero sé que estaría
malgastando mi tiempo,
que sería mejor,
de repente,
hallarte en una excusa.

Tal vez, diría que te extraño,
que aunque ya podría haberte olvidado,
en las esquinas de mi alma
aún se percibe tu olor.

Sí, ¿sabés?
yo debería decirte que te extraño,
enumerarte todas tus cualidades
y explicarte por qué combinan
tan bien con mis defectos.
Debería también,
construirte una casa,
la que como una epifanía
apareció en un sueño,
e invitarte a vivir allí,
sólo conmigo
y mis perros
y mi carácter
y mi risa
y mis bromas y cuentos
y con películas hasta tarde
y desayunos en la cama
y sin gatos,
sabés bien que no me gustan los gatos.

¿Te digo algo?
Yo debería decirte que te extraño,
pero probablemente no querás escucharlo,
y mi casa se pueble de gatos callejeros,
y a mis perros les toque servirles el desayuno,
y tu olor desaparezca,
y mis defectos no combinen con nada,
y la casa se venda sola,
y entonces yo,
yo deje de esperarte.

Pero,
y si te dijera que te extraño
y de pronto,
vos me extrañás también,
y coincidan tus defectos con mis virtudes,
y ya hayás pintado las paredes de la casa
y sembrado flores en el jardín,
y el perro tenga su cama,
y en el videoclub nos hagan descuento,
y sigamos sin gatos,
porque bien sabrás que no me gustan los gatos.

Pues sí,
te diría que te extraño,
y que, de una vez por todas,
ocurra todo esto,
o mejor que no.
Supongo, entonces,
que es mejor no decirte nunca que te extraño,
pero, en su lugar,
podría comenzar por contarte
que me hacés falta,
a mí,
a mis perros,
a mi carácter,
y a mi risa,
a mis bromas y mis cuentos
a las películas que ya no veo
y a los desayunos que no he querido comer,
es más,
hasta a los gatos,
los que no tengo y nunca tendré,
por suerte, ahora no necesito explicarlo.

Ya sé,
debería,
aunque sea,
susurrarte que me hacés falta,
pero para ser honesta,
yo....
yo solamente te extraño.

15 de julio de 2014

Despedida

Qué amarga se vuelve la noche
queriendo deslizarse por mi garganta,
tanto que ni el vino la consigue endulzar.

Ha llegado la hora de nuestra despedida,
mi paso por tu casa al fin acabó...

Sé bien que ya no caés en mi sonrisa,
y que la estela de aquel cometa
ya no te trae más a mí.
Sé, además, que las canciones,
esas que solían arrullarnos,
parecen ahora sirenas de emergencia,
necias, molestas,
martillando incansablemente nuestra sien.

 ¿Será que las calles que solíamos carretear,
no son más que viejos escondites,
en donde el destino nos invitó a jugar?

 ¿Será que hasta la nostalgia,
lugar en el que siempre te solía encontrar,
rechaza ahora mi visita, será que no me quiere ver más?

No me quedan, entonces,
palabras por decir,
los verbos, al fin,
escasean en mi voz,
ya no logro encontrar poemas para darte,
en mí, sólo sobrevive este desnudo adiós.

Adiós mi amor,
adiós,
que el silencio que acompañe estas letras
sea el que te abrace y te bese
y que distinto a mí,
lo haga sin flaquear.

Adiós mi amor,
adiós.

Ha llegado la hora de nuestra despedida...

13 de noviembre de 2013

¿Volamos?


Aunque el miedo carcoma y algún día se deba aterrizar…
Le extiendo una invitación a su inconsciente,
Para que se pasee en los senderos,
Éstos, que el mío ha preparado para su placer.

A las palabras que sus labios no han resuelto pronunciar,
Les ofrezco mi piel,
Para que la usen cual lienzo libre,
Y así puedan plasmar
Todo aquello que aún no logran decir.

He guardado, recelosa,
Compartimentos secretos,
Para que sus desvelos encuentren descanso.
Y una nube de caricias,
Tengo dispuesta,
Para cuando sus pies dejen de regalarle besos al suelo.

He ahorrado sonrisas,
Para los chistes que hemos olvidado contar,
Y elaboradas cenas,
Para saciar el hambre de nuestros huesos.

Las preguntas que sus ojos no dejan  de formular,
Encontrarán respuestas
Al posar su cabeza sobre mi pecho.
Y entre arpegios,
El aire encontrará sus colores.

Tengo al corazón listo,
Para sincronizarse al ritmo de sus pestañas,
Y un libro en blanco,
Para mejorar la historia.

He aprendido el arte de esperar,
Para cuando sus sueños se pierdan en el camino.
Y he apostado contra las aves,
Mis raíces por sus plumas,
Permitiéndome perder el abismo.

Y he decidido volar,
Sólo si usted vuela conmigo.

4 de noviembre de 2013

El Almanaque

El almanaque,
Pálido y cada vez más delgado,
Fallece lentamente ante el deseo de una sorpresa,
Esperando,
Pacientemente,
Toparse con algún desborde de pasión,
De amor,
De complicidad.

Con alguna melodía acompañándolo,
Va marcando cada día,
Sumando ganas,
Esas que le ha visto guardarse,
Buscando la fórmula exacta
Para transformarlas,
Para convertirlas en lujuria con forma de besos,
Cuando al fin,
Su presencia deje de ser ilusión.

Cada vez más pálido,
La observa a ella,
Imprimiendo letras que nadie leerá,
Rescatando algunas
Que hará públicas.
La contempla soñando,
Cuando aún no se ha logrado dormir,
Cantándole al papel,
Hablándole sobre una historia,
Dándole detalles que él aún desconoce.
Celoso, entonces,
Hace que los días corran maratones,
Queriendo robarle la historia,
Pero el papel es sabio
Y ha sabido guardarla con cautela.

Los días corren cada vez más rápido,
¡Astuto almanaque,
Que les ha enseñado bien!
Ella los busca,
Recorre las calles ansiosa,
Añorando tropezar con aquella voz,
Buscando el camino
En  el que quedaron sus uñas,
Las que le arrancaban la tristeza,
Extrañando desmesuradamente
Esas risas que lavaban cada lágrima,
Esa presencia,
Su presencia,
Que le completaba el alma.

Así la observa el almanaque,
Así ríe perversamente,
Así la odia amorosamente.

Ella escribe,
Y en un descuido
El almanaque lo logra ver:
¿Podrías venir?
¿Podríamos aniquilar toda intención de este malvado almanaque?
Así el tiempo sería nuestro,
El pasado y el destino,
Igual,
Así podríamos encerrar en cuartos de olvido a quién ha querido robarse nuestra historia,
Y dejar junto al almanaque
Toda deshonra de este amor,
Tan nuestro,
Como mi deseo de estar junto a vos.

Así la observa el almanaque,
Así ríe perversamente,
Incluso más fuerte aún,
Así la odia amorosamente,
Así se da cuenta,
Que no hay batalla que le pueda ganar.





28 de octubre de 2013

He resuelto soñarle

He resuelto soñarle,
En los rostros perdidos de la calle,
Me percato imprimiendo sonrisas,
Queriendo reproducir la que alguna vez le pillé en un descuido.
Sonrisa cálida y sincera,
Sedienta,
Sonrisa rebelde, 
Sonrisa impertinente.

He resuelto soñarle,
Complacer las esquinas de mi cama,
Con el recuerdo de su cuerpo,
Tan suyo como mío,
Tan mío como la memoria en la que permanece intacto;
Sus manos jugueteando,
Dibujando hábilmente litorales en mi espalda,
Donde la carretera por la que su lengua transita
Se rinde ante el consumador deseo.

He resuelto soñarle,
Cuando el aroma de su alma
Merodea mis desvelos,
Cuando desde el universo oculto de sus miedos,
Se disfraza de excusa cualquier motivo,
Cuando ha intentado olvidarme,
Y cuando, derrotado por sí mismo,
Encuentra la forma de volver.

He resuelto soñarle,
Pasear a su lado,
Besar sus manos,
Acariciar su cabello,
Soñarle feliz,
Despierto,
Soñarle a mi lado,
Soñarle riendo,
Soñarle llorando,
Cuando la luz se apaga,
Y en cada amanecer,
He resuelto soñarle en noches frías,
Cuando el calor me desnuda,
Soñarle cuando viene,
Soñarle al partir.
He resuelto soñarle,
Porque así me lo invento,
Así lo dibujo y desdibujo
Y más aún,
Porque así,

Lo puedo sentir.

1 de agosto de 2013

Mil veces vos

Lo conocí una vez,
En la oportuna luz que se desvanecía,
Entre cervezas y vinos
Lo descubrí.
Recuerdo verlo,
Atento a su dama,
Sonriente,
Recuerdo verlo
Y no pensar nada.
Lo conocí una vez,
Y no me hizo sonreír.

Lo encontré después,
Entre mensajes perdidos
En un viejo computador,
En esta ocasión sin su dama,
Sonriente igual.
Recuerdo leerlo
Y pensar “que ironía!”
Lo encontré después,
Y reímos juntos.

Hablamos,
Sonreímos,
Lloramos penas,
Nos perdimos para volvernos a encontrar.

Lo esperé una vez,
Le tendí mi cama,
Y le obsequié a mi familia,
Y esta vez,
Su sonrisa era mía.
Recuerdo escucharlo
Y vernos desaparecer.
Lo esperé una vez,
Y algo cambió.

Lo busqué mil veces,
Y dos mil veces lo encontré,
Lo sentí
Y quisiera creer él me sintió igual.
Mil veces lo busqué,
Apostándole a su sonrisa,
Ganándole caricias
Robándole sueños.
Dos mil veces lo encontré,
Aprisionado en mis párpados
Liberando a mi sombra,
Huyendo de sí mismo
O quizá de mí.

Lo conocí una vez,
Atento a su dama,
Y luego su dama fui yo,
Lo besé en la frente
Y lo vi marcharse,
Lo conocí una vez
Y ahora quisiera no reconocerlo
En las esquinas de mi cielo,
Quedándose,
O seguramente intentando desaparecer.

29 de julio de 2013

Sin miedo

Si se atreviera,
Si de una vez por todas,
Decidiera rasgar la veta que le baila en los ojos,
Y con los recuerdos buscara ensordecer las voces,
Esas necias intenciones que sólo tratan de librarnos batalla.
Si tan sólo quisiera entender,
Que lo espero quietamente
En los sueños que antes nos agasajaban,
Que lo busco en los recovecos de mi mente,
En donde su sonrisa me abriga  las mañanas frías,
Si tan sólo me escuchara nombrarlo en plegarias nocturnas.
Si no dejara entrar al miedo,
Al desconcierto de esta lejanía,
Si le permitiera al sol derretir
La llagas que el pasado dejó.
Si tan sólo me creyera,
Y confiara en su cuerpo cuando le dice que me necesita,
Si no callara al tambor que le habita en el pecho,
Cada vez que siente que me acerco.
Si la obstinación le permitiera ver,
Que también es válido equivocarse,
Y que lo quiero así,
Imperfecto,
Tosco en los bordes y afable desde adentro.
Si tan sólo dejara de musitar
Cuánto disfruta que lo quiera,
Y pudiera gritarlo al aire,
Para armonizar junto al alba,
Estos suspiros con los que le recuerdo.

14 de julio de 2013

¿Pensás?

Se me disipa la fragancia,
Esa que cargabas aquella vez,
Cuando me observabas dormida,
Acariciándome el rostro,
Y súbitamente me besaste
Convencido, quizá,
De mi ausencia.

Trato de imaginar
El litoral de tu cuerpo,
Pero mis manos ya extrañan esas comisuras,
Y a mi boca se le ha prohibido invocarte.

Libero inconscientemente palabras al vacío,
Simulando que lográs oírlas,
Ansiando que este pensamiento carcoma los muros
Para que cada vocablo  llegue hasta vos.
Ahí,
Comienza la manía,
La implacable necedad de saber,
De resguardar al alma en preguntas.

Pensás en mí?
En aquel encuentro,
En la necesidad de tocarnos,
De abrazarnos,
De dibujarnos palabras en esta realidad.
Pensás en aquellos días?
En las risas,
Las discusiones,
Los arrebatos de pasión,
Los desbordes de cariño.
En tus manos en mi espalda.
Y mi corazón en tu pecho.
Pensás?

1 de julio de 2013

Con el mundo aparte

Sentada a lo lejos,
Empuñando sentimientos,
Intentando solapar ausencias,
Y camuflando huidas en el desespero de la luz,
Se ve ella.

Repasando con el alma,
Las líneas de aquella sonrisa;
Se le observa suspirando,
Embebida en el aroma que tiene ahora su memoria,
Dejándose sentir poro a poro,
Admirando como,
Con la brevedad que se disipan los atardeceres,
Se le van eclipsando cada uno de los vellos.
Se le advierte  titubeando entre juicio y anhelo,
Descolgando abrumada,
Cada imposible que lleva prendido del pecho.

Ella siente,
Seguro que siente.

Así se ve ella,
Reescribiendo historias,
Con la mirada vidriosa,
Y la necesidad de una sonrisa
Queriendo colársele entre los dientes.

Se le reconoce,
Intentando,
Con los hilos de su lápiz
Y la astucia de sus manos,
Enramar el camino que se perdió en la neblina,
El que creyó no llevar a ningún lado.
Dibujándole pasadizos y atajos,
Para que al acabar su paso
Logre reposar siempre
En la calma de sus fuentes.

Muchos la ven,
Sentada,
Sonriendo disimuladamente,
Aferrándose al aroma de aquel encuentro,
Esperando que,
Con el mundo aparte,

Él se siente también.

25 de junio de 2013

Canciones diferentes

Se me escurren las horas,
Perdiéndose en la trémula luz que se disipa entre la neblina,
Quedan aún algunas palabras del crucigrama por llenar,
Sin embargo me distraigo,
Me inquieto esperando encontrar su nombre amalgamándose entre mis dedos.
De repente,
El teléfono comienza a cantarme desde la otra habitación,
Aúlla sobre mi cama,
Temeroso, solitario, escondido entre la oscuridad de mis almohadas.
Llego hasta él,
Incierta, temerosa y solitaria también,
Ha dejado de cantar, no era la canción que esperaba.
Quisiera hacer cantar a su teléfono,
Pero aún no sé la canción,
Todavía no tengo esas palabras que lo hagan bailar con mi voz.
Se aleja,
Cada día un poco más,
Mis dedos ya no se cruzan con su nombre,
Mis brazos ya no abrazan su recuerdo,
Y mi boca ya no besa su suerte.
Se aleja y me alejo yo también,
Esperando que al escurrirse las horas,
Volvamos a encontrarnos otra vez,
Y quizá ahí,

Tararear la misma canción.

Concierto poco usual

La oscuridad de la noche me acompaña,
mientras la tristeza comienza a dar su concierto habitual.

Recuerdo haberle preguntado varias veces,
si por fin ahora, encontraría su camino al umbral,
ese que buscó desaforadamente en callejones
que parecían cerrarse con la luz de la luna.

Ahora comprendo el silencio que embriagaba el lugar..

Comencé un nuevo camino,
varias horas atrás,
ansiando que la luz decidiera extinguirse entre mis labios
y que cual cigarrillo se esfumara con el viento.

Mas hoy advierto,
no es la luz quien aniquila la entrada a un nuevo sendero,
es el brillo de tantas horas de ausencia el que ciega
y no permite observar hacia donde se va.

Me disculpo por mis palabras,
si es que ahora como en un principio decidieron flotar.
Me disculpo si se derriten en tu espalda
provocando dolores que nunca imaginaste sentir.
Si ahora, moribundo,
has de encontrar puertas que no sabías siquiera que existían en este callejón.

Discúlpame corazón mío,
Por obligarte a latir tan fuerte sin haber encontrado mano que te sintiera.

He encontrado una nueva senda
una que no debería desenmarañar,
Una que desde el principio me decía ser un callejón abismal.
Abstemia de entradas y repleta de salidas,
aunada en resquicios en los cuales colgar,
temores, angustias y uno que otro placer.

Placer con nombre y apellido,
y por qué no,
con código postal.
Placer que se escapa a mi boca
y ahora me es prohibido nombrar.
Placer desmesurado en brillo,
que dejaría a esta historia sin final.
Discúlpame tristeza,
comienza ya tu concierto habitual.

Cuando la lluvia

Vacilan las letras de mi teclado,
Viendo pasar las horas en las que las palabras se ausentan,
El aroma de un recuerdo aún pasea por el salón,
Y la lluvia incesante de imágenes empapa mi almohada.

Hace frío,
Como no lo hacía desde hace mucho,
Torrentes de agua obstaculizan al horizonte,
Cegándolo,
Impidiéndole venir.

Quiere venir, yo quiero que venga,
¿Cuándo parará este aguacero?

Justo cuando el aroma intenta desaparecer,
Alguna melodía en la radio lo trae de vuelta,
Sigue lloviendo,  no quiere parar,
Y lejos se vislumbra
Al horizonte buscando formas para distraerse.

Sé que quiere venir,
Quizá él no lo sepa,
Quizá aún no reúne las fuerzas para hacerlo,
Esta lluvia necia lo detiene,
Lo apresa, lo contamina.

Está cayendo un aguacero en mi ciudad,
Algún día tendrá que parar,
Mientras tanto,
acá encuentro formas para resguardarte

Ahab

Entraste a mi cuerpo  inesperadamente,
Me hiciste sudar y hasta creerme viva,
Cambiaste en mi los hábitos,
Esos que construí en soledad (cuando me creía muerta).

Me levantaste entre versos
Y con las armonías de tu figura
rompiste la sombría marcha de mis palabras.

Un abrazo,
De despedida, de bienvenida,
Un simple abrazo bastó
Para hacerme dormir.

Curaste de mi la plañidez
Con el suave pistilo de tu boca,
Y como en una quimera
me ayudaste a volar

Me ragalaste un puñado de hojas claras
Y con tu mano sobre la mía
Volví a escribir.

Un abrazo,
De despedida, de bienvenida,
Un simple abrazo bastó

Para hacerme vivir.

Inédito

Si tu voz no fuera como miel que endulza mis noches,
Y tu sonrisa la paz que me embriaga en la madrugada,
Si tan sólo no deseara tenerte en mis manos para nunca dejar de verte,
Y así capturar en un envase la melodía que se escapa de tus labios.

Aunque no deba, mis sentidos no lo entienden,
Aunque no quiera tengo corazón rebelde,
Aunque mis noches no sean tan oscuras y mis mañanas tan tempranas,
Aunque nada de eso exista tengo ganas de tenerte.

Si tu sutil mirada nunca se hubiera cruzado con la mía,
Y sólo en mis sueños supiera de tu existencia,
Si el destino no quisiera jugar a ser el villano,
Y nos dejara escoger nuestro camino

Si la luz de una vela no hubiera iluminado nuestro encuentro,
Y al terminar la noche  hubiéramos continuado nuestro rumbo,
Si no quisiera saltar  a un barranco, tu barranco,
Y pasar el resto de mi vida con la piel erizada, como cuando te siento venir.

Aunque no deba, mis sentidos no lo entienden,
Aunque no quiera tengo corazón rebelde,
Aunque mis noches no sean tan oscuras y mis mañanas tan tempranas,
Aunque nada de eso exista tengo ganas de tenerte.

Lista de Supermercado



Encontré  un nuevo capítulo de aquel libro,
ese que empezó a entretejernos antes de siquiera enterarnos,
la escritura pareciera alterada y un tanto borrosa,
cual si la historia terminara ahí:
en un puñado de letras,
de líneas sin razón,
en un bosquejo de lo que podría parecerse a la felicidad.

Como una lista de supermercado,
repasada mil veces,
doblada y desdoblada otras mil más,
me reúso a resumirnos así,
hay más que pan y leche acá,
hay deseo,
necesidad
y algo más.

Encontré además,
una lista  que no podría ignorar,
una serie de razones para olvidarnos,
para postergar el placer,
para dejar los guiños y
alimentarnos de realidad.

Un conteo  doloroso de pros y contras,
una fila cargada,
otra  apenas recordada.

Una hilera entera de convencimientos,
apilados uno tras otro,
llamando retorcida a nuestra historia,
a veces imposible, inexistente,
e incluso fantasiosa.

En otra fila,
apuñadas y completamente solitarias,
dos líneas minúsculas y temblorosas,
con la sazón y el poder de lo olvidado
“placer” 
 “¿por qué no?”

Sonreí,
repasando  mentalmente cada capítulo del cuento,
pasé por mi oficina
y me excité como el primer día,
mi antiguo dormitorio,
un balcón lleno de recuerdos,
y una que otra fiesta.

Leí y entendí
cada palabra que aniquila la historia,
cada punto final,
cada cierre mal hecho,
cada temor,
cada consciencia,
cada razón,
sonreí.

Cada arriba, tiene su abajo,
Cada bueno, tiene su malo,

Cada inicio tiene su final.

18 de junio de 2013

Imaginemos

Y si indirectamente
Le hago una solicitud a su sonrisa,
Para que traiga consigo al verano
Que este invierno necesita.
Si,
A partir de hoy,
Dejamos los resabios para después,
Cuando los relojes nos sobren
Y se detengan a nuestro encuentro.

Y qué tal si no le digo al oído
Que lo quiero,
Mas usted me escucha susurrarle,
Desde lejos,
Que aún sonrío viajando
Por las calles que caminamos juntos.

Y si de repente,
Los fantasmas zarparan,
Dejaríamos entonces,
De temer antiguas maldiciones,
Y benditas serían cada una de las caricias,
Uno a uno los besos elevarían nuestro cuerpo,
Y cada camino se abriría a nuestro paso.

Por qué no,
Imaginemos si el engaño no existiera,
Si nunca antes hubieran cercenado nuestra alma,
Si no conociéramos el dolor,
Y la confianza fuera un bien común,
Tal vez ahí,
Caminar sería más sencillo,
No nos tomaría tanto tiempo encontrarnos,
Ni nos detendríamos antes de recorrer,
Con cautela y total recelo,

Las cicatrices de nuestros cuerpos.