Se me
escurren las horas,
Perdiéndose en
la trémula luz que se disipa entre la neblina,
Quedan aún
algunas palabras del crucigrama por llenar,
Sin embargo
me distraigo,
Me inquieto
esperando encontrar su nombre amalgamándose entre mis dedos.
De repente,
El teléfono
comienza a cantarme desde la otra habitación,
Aúlla sobre
mi cama,
Temeroso,
solitario, escondido entre la oscuridad de mis almohadas.
Llego hasta
él,
Incierta,
temerosa y solitaria también,
Ha dejado de
cantar, no era la canción que esperaba.
Quisiera
hacer cantar a su teléfono,
Pero aún no
sé la canción,
Todavía no
tengo esas palabras que lo hagan bailar con mi voz.
Se aleja,
Cada día un
poco más,
Mis dedos ya
no se cruzan con su nombre,
Mis brazos
ya no abrazan su recuerdo,
Y mi boca ya
no besa su suerte.
Se aleja y
me alejo yo también,
Esperando
que al escurrirse las horas,
Volvamos a
encontrarnos otra vez,
Y quizá ahí,
Tararear la
misma canción.
No hay comentarios:
Publicar un comentario