Sentada a lo
lejos,
Empuñando
sentimientos,
Intentando solapar
ausencias,
Y camuflando
huidas en el desespero de la luz,
Se ve ella.
Repasando
con el alma,
Las líneas
de aquella sonrisa;
Se le observa
suspirando,
Embebida en
el aroma que tiene ahora su memoria,
Dejándose
sentir poro a poro,
Admirando como,
Con la
brevedad que se disipan los atardeceres,
Se le van eclipsando
cada uno de los vellos.
Se le advierte
titubeando entre juicio y anhelo,
Descolgando abrumada,
Cada imposible
que lleva prendido del pecho.
Ella siente,
Seguro que
siente.
Así se ve
ella,
Reescribiendo
historias,
Con la
mirada vidriosa,
Y la
necesidad de una sonrisa
Queriendo colársele
entre los dientes.
Se le
reconoce,
Intentando,
Con los
hilos de su lápiz
Y la astucia
de sus manos,
Enramar el
camino que se perdió en la neblina,
El que creyó
no llevar a ningún lado.
Dibujándole
pasadizos y atajos,
Para que al
acabar su paso
Logre reposar
siempre
En la calma
de sus fuentes.
Muchos la
ven,
Sentada,
Sonriendo disimuladamente,
Aferrándose al
aroma de aquel encuentro,
Esperando que,
Con el mundo
aparte,
Él se siente también.
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