La oscuridad de la noche me acompaña,
mientras la tristeza comienza a dar su concierto habitual.
Recuerdo haberle preguntado varias veces,
si por fin ahora, encontraría su camino al umbral,
ese que buscó desaforadamente en callejones
que parecían cerrarse con la luz de la luna.
Ahora comprendo el silencio que embriagaba el lugar..
Comencé un nuevo camino,
varias horas atrás,
ansiando que la luz decidiera extinguirse entre mis labios
y que cual cigarrillo se esfumara con el viento.
Mas hoy advierto,
no es la luz quien aniquila la entrada a un nuevo sendero,
es el brillo de tantas horas de ausencia el que ciega
y no permite observar hacia donde se va.
Me disculpo por mis palabras,
si es que ahora como en un principio decidieron flotar.
Me disculpo si se derriten en tu espalda
provocando dolores que nunca imaginaste sentir.
Si ahora, moribundo,
has de encontrar puertas que no sabías siquiera que existían en este callejón.
Discúlpame corazón mío,
Por obligarte a latir tan fuerte sin haber encontrado mano que te sintiera.
He encontrado una nueva senda
una que no debería desenmarañar,
Una que desde el principio me decía ser un callejón abismal.
Abstemia de entradas y repleta de salidas,
aunada en resquicios en los cuales colgar,
temores, angustias y uno que otro placer.
Placer con nombre y apellido,
y por qué no,
con código postal.
Placer que se escapa a mi boca
y ahora me es prohibido nombrar.
Placer desmesurado en brillo,
que dejaría a esta historia sin final.
Discúlpame tristeza,
comienza ya tu concierto habitual.
mientras la tristeza comienza a dar su concierto habitual.
Recuerdo haberle preguntado varias veces,
si por fin ahora, encontraría su camino al umbral,
ese que buscó desaforadamente en callejones
que parecían cerrarse con la luz de la luna.
Ahora comprendo el silencio que embriagaba el lugar..
Comencé un nuevo camino,
varias horas atrás,
ansiando que la luz decidiera extinguirse entre mis labios
y que cual cigarrillo se esfumara con el viento.
Mas hoy advierto,
no es la luz quien aniquila la entrada a un nuevo sendero,
es el brillo de tantas horas de ausencia el que ciega
y no permite observar hacia donde se va.
Me disculpo por mis palabras,
si es que ahora como en un principio decidieron flotar.
Me disculpo si se derriten en tu espalda
provocando dolores que nunca imaginaste sentir.
Si ahora, moribundo,
has de encontrar puertas que no sabías siquiera que existían en este callejón.
Discúlpame corazón mío,
Por obligarte a latir tan fuerte sin haber encontrado mano que te sintiera.
He encontrado una nueva senda
una que no debería desenmarañar,
Una que desde el principio me decía ser un callejón abismal.
Abstemia de entradas y repleta de salidas,
aunada en resquicios en los cuales colgar,
temores, angustias y uno que otro placer.
Placer con nombre y apellido,
y por qué no,
con código postal.
Placer que se escapa a mi boca
y ahora me es prohibido nombrar.
Placer desmesurado en brillo,
que dejaría a esta historia sin final.
Discúlpame tristeza,
comienza ya tu concierto habitual.
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