Encontré un nuevo capítulo de aquel libro,
ese que
empezó a entretejernos antes de siquiera enterarnos,
la escritura
pareciera alterada y un tanto borrosa,
cual si la
historia terminara ahí:
en un puñado
de letras,
de líneas
sin razón,
en un
bosquejo de lo que podría parecerse a la felicidad.
Como una
lista de supermercado,
repasada mil
veces,
doblada y
desdoblada otras mil más,
me reúso a
resumirnos así,
hay más que
pan y leche acá,
hay deseo,
necesidad
y algo más.
Encontré
además,
una
lista que no podría ignorar,
una serie de
razones para olvidarnos,
para
postergar el placer,
para dejar
los guiños y
alimentarnos
de realidad.
Un conteo doloroso de pros y contras,
una fila
cargada,
otra apenas recordada.
Una hilera entera
de convencimientos,
apilados uno
tras otro,
llamando
retorcida a nuestra historia,
a veces imposible,
inexistente,
e incluso fantasiosa.
En otra
fila,
apuñadas y
completamente solitarias,
dos líneas
minúsculas y temblorosas,
con la sazón
y el poder de lo olvidado
“placer”
“¿por qué no?”
Sonreí,
repasando mentalmente cada capítulo del cuento,
pasé por mi
oficina
y me excité
como el primer día,
mi antiguo
dormitorio,
un balcón
lleno de recuerdos,
y una que
otra fiesta.
Leí y
entendí
cada palabra
que aniquila la historia,
cada punto
final,
cada cierre
mal hecho,
cada temor,
cada
consciencia,
cada razón,
sonreí.
Cada arriba,
tiene su abajo,
Cada bueno,
tiene su malo,
Cada inicio
tiene su final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario