Y si
indirectamente
Le hago una
solicitud a su sonrisa,
Para que
traiga consigo al verano
Que este
invierno necesita.
Si,
A partir de
hoy,
Dejamos los
resabios para después,
Cuando los
relojes nos sobren
Y se
detengan a nuestro encuentro.
Y qué tal si
no le digo al oído
Que lo
quiero,
Mas usted me
escucha susurrarle,
Desde lejos,
Que aún sonrío
viajando
Por las
calles que caminamos juntos.
Y si de
repente,
Los
fantasmas zarparan,
Dejaríamos
entonces,
De temer antiguas
maldiciones,
Y benditas
serían cada una de las caricias,
Uno a uno
los besos elevarían nuestro cuerpo,
Y cada camino
se abriría a nuestro paso.
Por qué no,
Imaginemos si
el engaño no existiera,
Si nunca
antes hubieran cercenado nuestra alma,
Si no conociéramos
el dolor,
Y la
confianza fuera un bien común,
Tal vez ahí,
Caminar sería
más sencillo,
No nos tomaría
tanto tiempo encontrarnos,
Ni nos
detendríamos antes de recorrer,
Con cautela
y total recelo,
Las
cicatrices de nuestros cuerpos.
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