22 de enero de 2013

Si me tuviera que despedir


Si me tuviera que despedir,
Querría  decirte que mi risa fue siempre real,
Mi cariño puro,
Y mi anhelo sincero.
Si me tuviera que despedir,
Me gustaría saberlo para poder agradecer,
Tantos suspiros, tantos sueños,
Tantas manías,
Agradecer saberme viva,
Y  haber podido acomodarme en tu piel.
Si me tuviera que despedir,
De aquellos besos que me entregaste con alevosía,
Que calladamente imprimiste en mis labios
Y desmesuradamente colocaste en mi imposible.
Si de todo eso me tuviera que despedir,
Esperaría poder  arrancarme los labios,
Para que con tus últimos besos éstos se desvanecieran,
Para no torturarlos más con otra boca,
Llena de pasado,
Sumergida en un mar de temores y traumas extranjeros.
Porque aquélla que tan firme advertiste,
Que tan convencida se podía encontrar,
Aquélla,
La que conociste,
Hoy se encuentra perdida en lo absurdo,
Hoy busca límites en fronteras nunca vistas,
Hoy desconoce la canción que de tus melodías nace.
Aquélla,
La valiente, la valerosa,
No es hoy más que un manojo de miedos,
Una habitación a punto de ser desalojada,
Un sillón abandonado,
Y una cama vacía.
Pero si hoy me tuviera que despedir,
A pesar de mis fantasmas,
Y más allá de los besos y las caricias,
Te desearía una buena luz,
Un camino otoñal,
Una gran aventura
Y un apasionado calor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario