Si me
tuviera que despedir,
Querría decirte que mi risa fue siempre real,
Mi cariño
puro,
Y mi anhelo
sincero.
Si me
tuviera que despedir,
Me gustaría saberlo para poder agradecer,
Tantos suspiros,
tantos sueños,
Tantas manías,
Agradecer saberme
viva,
Y haber podido acomodarme en tu piel.
Si me
tuviera que despedir,
De aquellos
besos que me entregaste con alevosía,
Que calladamente
imprimiste en mis labios
Y desmesuradamente
colocaste en mi imposible.
Si de todo
eso me tuviera que despedir,
Esperaría
poder arrancarme los labios,
Para que con
tus últimos besos éstos se desvanecieran,
Para no
torturarlos más con otra boca,
Llena de
pasado,
Sumergida en
un mar de temores y traumas extranjeros.
Porque aquélla
que tan firme advertiste,
Que tan
convencida se podía encontrar,
Aquélla,
La que
conociste,
Hoy se
encuentra perdida en lo absurdo,
Hoy busca
límites en fronteras nunca vistas,
Hoy desconoce
la canción que de tus melodías nace.
Aquélla,
La valiente,
la valerosa,
No es hoy
más que un manojo de miedos,
Una habitación
a punto de ser desalojada,
Un sillón abandonado,
Y una cama
vacía.
Pero si hoy
me tuviera que despedir,
A pesar de
mis fantasmas,
Y más allá
de los besos y las caricias,
Te desearía
una buena luz,
Un camino otoñal,
Una gran aventura
Y un
apasionado calor.
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